Un eco de luz

Toni Piñera

9 octubre, 2007

Ávila con el Che de la Plaza.

Ávila con el Che de la Plaza.

UN ECO DE LUZ

Enrique Ávila comenzó su recorrido por el arte de la mano del volumen. Una obra le abrió las puertas de la eternidad, en primer lugar, por la figura esculpida, el lugar donde está ubicada y el tiempo que le tocó vivir…

Cuando sumamos información: Plaza de la Revolución, edificio del MININT frente a la legendaria tribuna, imagen fotográfica de Korda que ha recorrido el mundo, y que escultóricamente llena el espacio con su luz de aurora, usted seguramente exclamará: ¡es el artista que hizo el Che de la Plaza!

Precisamente, un 8 de octubre, pero de 1993 quedó inaugurada en ese lugar simbólico, la escultura del Guerrillero Heroico, un relieve en metal y hormigón, configurado por una línea escueta reproductiva de la foto más conocida del Che, captada por Korda. Desde entonces, quedó grabada la nueva imagen, como un símbolo perenne en la Plaza de la Revolución.

¿Quién es su autor? ¿Cuál es la historia de ese relieve escultórico? ¿Qué hace actualmente? Enrique Ávila (Holguín, l952), pintor, diseñador, escultor y grabador cuenta a Granma, que cuando ideó esta pieza partió del presupuesto de que el Che era una persona de una sencillez y austeridad extraordinarias. “Desde el punto de vista plástico, la línea era lo más sencillo, así que la hice tridimensional, además de ser más económico en estos tiempos, y el material (acero) conformaba su carácter.”  Y aunque le hubiera gustado plasmar solo la figura del Che, sin ningún otro elemento, tuvo que ingeniársela para poder sostener las l6 toneladas de peso en la piedra de jaimanitas con dos columnas. “Pero esas vigas las asocié a algo importante: el Che es un constructor de ideas nuevas, lo simbolizo con la construcción y se integra a las líneas del edificio. El Hasta la victoria siempre está realizado a partir de la letra original del héroe. Esto fue una sugerencia de un amigo”.

Y su iluminación es muy especial. La figura del Che, al estar separada de las paredes del edificio, resulta como un eco de luz que se repite con su sombra, cuando se reflejan en él los rayos del sol en determinados momentos del día.

EL ARTE POR DENTRO

Enrique Ávila, graduado en pintura de la ENA (l972), quiso también que ese Che no se viera sólo de día, y jugó con la luz. Hizo los diseños de las luminarias (algo que aprendió cuando dejó sus huellas durante varios años en la escenografía de la televisión), “para expresar con su reflejo al hombre de acción que irradia la luz al porvenir”. El autor de esta pieza escultórica, en su labor con el volumen prefiere romper con los estereotipos y jugar con la imaginación. Con el acero combinado con el hormigón realizó el monumento de los Hermanos Saiz (Pinar del Río), el de los Hermanos Martínez Tamayo , quienes cayeron con el Che en Bolivia (Siboney, La Habana) y tiene además sembradas otras obras en las provincias orientales e incluso aquí en La Habana.

Como pintor, el artista sigue plasmando la figura del Che, y trata además la temática de los fondos marinos o de otros planetas…, donde poco a poco la figuración ha dado paso a lo abstracto, como mostró en su más reciente muestra personal, El silencio de las piedras, realizada en la galería La Acacia, este año. Sus pinturas nos hablan de respuestas con una alta carga emocional y una interacción dinámica entre los componentes técnicos y espirituales de la producción artística. Hoy día, sólo unos pocos creadores continúan afirmando el extraordinario valor del color como elemento pictórico independiente en virtud de su significación expresiva. Entre ellos se cuenta Enrique Ávila, quien se relaciona con el potencial del color  y las texturas como significante universal que desafía los límites del tiempo. Sus creaciones son generalmente equilibradas, nutridas de disonancias que envuelven al espectador, y como una suerte de enlace que establece una obligada correspondencia entre los altos momentos de las reacciones perceptivas y las propuestas de obras en las que lo aparentemente abstracto no es más que una manera de ver e ilustrar determinadas percepciones y remembranzas de su mirar.

El oficio  en él parece haberse conformado en una especie de particular poética. Así las referencias del ambiente natural, de la memoria, de los temas que le han sido compañía y de los elementos de la vida que de alguna manera han configurado su reservorio de símbolos, a quien presencia plástica en texturas, singulares frotages, fusiones de materia pictórica y veladuras y contrapunteo sucesivo de figuras y fondo, llegan a ser valores de su expresión.

Los trabajos de este creador enfocan parajes remotos que construye en su mente y luego arma sobre las telas. El pinta lo que ven sus ojos —incluso en la mente— y establece un juego de imágenes semánticas y pictóricas que despiertan en el espectador múltiples evocaciones. Sus formas son sólidas y sus contornos netos; estas se alzan ante nuestra vista plenas de vitalidad para comunicarnos un mensaje. Hay un juego de manchas y texturas, una especie de materia prima que le ayuda a elaborar un discurso muy personal con tintes de abstracción-figuración, donde emerge la neblina del tiempo.

Granma, martes 9 de octubre de 2007