Intimando. Entrevista de Rafael Polanco a Enrique Avila.

Rafael Polanco Brahojos

14 enero, 2010

Esta vez nuestra sección se complace en entrevistar al artista de la plástica Enrique Ávila, de quien ya tuvimos una experiencia muy enriquecedora cuando la portada de Honda fue ilustrada con una obra suya dedicada a los Cinco. Comenzamos con la pregunta con la que rompemos el hielo y nos introduce en el tema: ¿Cómo llega Enrique Ávila a la plástica?

Nací en un hogar humilde, en un lugar que se llama Pueblo Nuevo, en Holguín. Desde niño siempre me inclinaba a dibujar, ese tipo de dibujo que hacen normalmente los niños. Según fui creciendo, me fui apasionando con el dibujo y el color. Curiosamente, además de dibujar, hacía figuritas de fango y las ponía a secar en el patio, y también juguetes de madera. Así me fui vinculando a la plástica.

Mi primer dibujo, que expusieron en la escuela, fue de José Martí. Yo estaba en primer grado. Mi mamá se dio cuenta de que me gustaba la pintura, pero mi papá quería que yo fuera ingeniero mecánico. Estaba la creencia aquella de cómo iba a vivir de la pintura, porque los pintores no tenían entonces las posibilidades que tienen ahora; eran como los músicos, se les veía como personas bohemias.

En las escuelas de arte lo que pedían era hacer una prueba y tener la edad correspondiente al grado. Yo mismo me presenté con doce años a la Escuela Provincial de Arte de Holguín y allí estudié Pintura. Después, en los años setenta, continué en la Escuela Nacional de Arte, en La Habana. Cuando aquello, no existía el Instituto Superior de Arte. Del grupo con el que estudié, surgieron artistas que hoy son muy conocidos, por ejemplo, coincidí con Zaida del Río, Nelson Domínguez, Ernesto García Peña, Tomás Sánchez, Eduardo Roca (Choco), Roberto Fabelo, Flora Fong. Eso me hace pensar que la forma de captar a los estudiantes en aquella época y el proceso educativo eran muy buenos, porque los resultados se ven ahora.

Cuando me gradué, había necesidad de profesores, porque muchos de los que trabajaban en Holguín procedían de Santiago de Cuba. Como era de allá, empecé a dar clases de Pintura y Diseño en la Escuela Provincial de Arte. A la vez, seguía mi obra personal como pintor y participé en muchas exposiciones. Obras mías fueron seleccionadas para representar a Cuba en el 11º Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, en Alemania, y fue importante coger un premio en el Salón Nacional de Artistas Jóvenes en esa época. También me premiaron una obra en un Concurso 26 de Julio, que era muy fuerte en esa época, y lo organizaban las Fuerzas Armadas y se exponía en Bellas Artes. Esos premios por especialidad son ahora los premios nacionales de música, de artes plásticas. Es decir que tenían un nivel muy fuerte y me sirvieron como energía para seguir pintando.

En esa época tuve que pasar el Servicio Militar Obligatorio, que entonces eran tres años, y pensé que mi carrera terminaba allí, pero no fue así. Me mandaron para una unidad de combate de la Fuerza Aérea, en Holguín, y allí tuve la buena suerte de poder seguir pintando y también de ganar un concurso 17 de Abril siendo militar. Cuando me licencié, ya las plazas de profesor estaban cubiertas y me dieron la posibilidad de trabajar como diseñador escenográfico en Telecristal, en Holguín, y después hice también programas nacionales. Por ejemplo, hice el diseño de todos los telecentros del país y también muchos programas informativos y musicales. Estuve como diez años en eso; allí aprendí el manejo de la luz y lo apliqué después en la pintura y la escultura.

¿Tú te sientes un pintor que hace escultura o un escultor que hace pintura?

En realidad, yo soy un pintor que hace escultura, incluso no son esculturas tradicionales. Generalmente los plásticos tienen necesidad de ir a las tres dimensiones, muchos hacen instalaciones, otros hacen esculturas. En 1985 sentí esa necesidad y quise hacer una gran escultura al Che, a la entrada de Holguín, en acero; fue mi primera gran escultura y una experiencia importante. Hice un Che a mi estilo: es un cubo en forma muy dinámica, por cada cara tenía la imagen calada de la cara del Che y la luz sale de adentro. Yo quería romper con la forma de hacer escultura que generalmente era una figura humana con un fusil, o a caballo. Mi segunda escultura la hice en el Ejército Oriental. Fue un monumento a Maceo, metálico también, con luz.

En un momento dado en Cuba se hicieron muchos monumentos. Fue la época en que se hicieron las grandes plazas y había un auge muy grande de la escultura. Yo tenía muchas ofertas y por eso prácticamente todo el tiempo lo dediqué a hacer grandes monumentos. Sin darme cuenta, he hecho esculturas en casi todo el país. Por ejemplo, en Santiago de Cuba hay un monumento a Frank País, son tres pétalos, es metálico y con luz; en Guantánamo hice uno a Celia Sánchez; a la entrada de Granma hay otro a Carlos Manuel de Céspedes; en Camagüey está el de Ignacio Agramonte en una explanada, siempre combinando el metal y, sobre todo, con un estudio de la luz, que utilizo para expresar la idea que tenemos de nuestros héroes, de que nos iluminan el camino. En La Habana, en los noventa, hice un monumento a los hermanos Martínez Tamayo, en metal, en Siboney, ahora en ese lugar está la Escuela de Criminalística. En la Universidad Hermanos Saíz hice un monumento bastante grande a esos dos mártires.

La escultura mía parte más bien de una línea arquitectónica mezclada con lo fotográfico, combinando el volumen que dan las tres dimensiones. El monumento a los Hermanos Saíz, es un libro abierto del cual salen dos palmas que se cruzan y al final hay dos grandes estrellas. Hay un poema de los Hermanos Saíz que habla de las dos palmas. En el caso del Che y del Camilo de la Plaza, a partir de recrear una fotografía, me valgo de las formas dimensionales grandes.

Lo que pasa con la escultura es que se divulga muy poco. Fíjate, yo hice un Camilo, un Mella y un Che para el edificio de la UJC Nacional, en la Avenida de las Misiones, un lugar muy visible aquí en La Habana, pero el día de la inauguración la televisión estuvo allí y ni siquiera hubo un paneo a las obras, ni nos preguntaron a los compañeros que las trabajamos. De los escultores, aunque es cierto que se conocen las esculturas de Lenon,  el Martí de la Tribuna Antimperialista y otras, en general se habla muy poco. Sin embargo, uno hace una exposición de pintura y se divulga por más lugares. Cuando tú tienes una obra delante en un catálogo, donde vienen identificados los nombres, la gente tiende más a identificar las pinturas con su autor. Y si vas al extranjero con la exposición, se le da una gran divulgación, lo que no sucede con la escultura.

Es cierto, mucha gente pasa por delante de las esculturas y no sabe de quiénes son; por ejemplo, los “venaditos del Zoológico”, la Virgen del Camino, el Cristo de La Habana, no tienen una identificación del autor.

Realmente se conoce poco de los autores de esos monumentos. En el extranjero pasa lo mismo. En Canadá y en Alemania vi varias esculturas y no pude identificar a sus autores.

Yo recuerdo que Rita Longa en una entrevista expresaba que el escultor tiene anclada su obra, está fija en un lugar, y no es como la pintura que se puede volver a traer a galerías y el público tiene más acceso a ella, en tanto que la escultura está en un solo lugar.

La escultura monumental, precisamente porque no se puede mover, tiene que tener un nivel de aprobación. Tiene que ser aprobada por CODEMA [Comisión de Monumentos Arquitectónicos], que es la institución rectora, para evitar que sean realizadas obras que no tengan calidad. Eso a veces ha traído problemas, porque se desconoce que se requiere ese nivel de aprobación y ya la obra ha sido realizada. Para las obras que he hecho recientemente he puesto como condición que ya hayan sido aprobadas por CODEMA.

Junto con la escultura nunca abandonaste la pintura.

No, siempre hice pintura. Yo siempre he seguido haciendo pintura pero realmente nadie me  conoce como pintor.

La Sociedad Cultural José Martí se honraría en presentar, en su nueva sede, una exposición tuya. Algunos pudieran ver una cierta contradicción entre el carácter de tu pintura y tu escultura figurativa. Sin embargo, al contemplar detenidamente tu pintura no la siento abstracta en el sentido en que son abstractos otros pintores. Siempre es posible identificar elementos de lo natural: fondos marinos, texturas rocosas.

Efectivamente es así. Una cosa complementa la otra. Yo retomo la pintura de cuando era más joven, pero no siempre he sido abstracto. Yo presento a la figura humana también. Mi cuadro de los Cinco Héroes no es abstracto, tampoco el Che, a quien he pintado varias veces. No soy totalmente un pintor abstracto, lo que pasa es que la abstracción se acomoda muchas veces a lo que yo quiero hacer.

Por eso estoy de acuerdo contigo en la valoración que haces de mi pintura. En mis obras vas a ver rocas, piedras, coral, incluso a veces disfrazo rostros de personas. Mi obra es luz y textura. Yo me divierto buscando texturas, aprovechando el efecto que dejan el color, las manchas, las degradaciones, y les doy más o menos luz. En la pintura utilizo muchas rocas, muchas piedras. Y hay que combinar las texturas rocosas con la luz, y el dibujo, para armonizarlo todo y que el cuadro cause buena impresión.

En efecto, en tu pintura se aprecia un trabajo muy minucioso, de mucho detalle.

He hecho exposiciones personales y participado en otras colectivas, tanto en Cuba como en otros países y nunca un crítico me ha clasificado dentro de ningún “ismo”, nadie me ha dicho hasta ahora que yo sea solo abstracto o figurativo. Una de las cosas importantes en el arte es que tú seas creativo, original. En la pintura cubana el trópico lo da la calidad de lo que hacemos, no elementos como la palma, etcétera.

Ahora estoy haciendo una serie titulada “Energías Ocultas”, que está muy asociada al magma que se mueve dentro de la Tierra, esta energía que en un momento sale y no se tiene en cuenta. Esas energías en un momento dado pueden ser peligrosas, como un terremoto o la erupción de un volcán. Son cosas que no son tan abstractas, que auguran lo que va a pasar. Otro cuadro mío, “Caos”, si lo observas bien, vas a ver lo que está pasando en Haití ahora, y sin embargo, hay quien lo mira y dice que es un cuadro abstracto.

En marzo voy a presentar una exposición en el Palacio de las Convenciones, en ocasión de un evento de Cirugía pediátrica. Esos médicos dicen que mis pinturas ven el micromundo del cuerpo humano y de la cirugía a través de un microscopio. Yo hago paisajes submarinos, trato de hacer paisajes en otros planetas, pero los médicos dicen que ellos ven esos mismos paisajes a través del microscopio en células, en tejidos, y de ahí surgió la idea de la exposición en este evento. También tengo pendiente una exposición en la ELAM [Escuela Latinoamericana de Medicina] sobre el micromundo. Lo que yo hago no es tan abstracto, hay que mirar al mundo para descubrirlo. Todo lo que uno haga está en la naturaleza, lo que hay es que descubrirlo.

Ahora quiero hacer algo que siempre he deseado, que es pintar a Martí.

En Holguín hay un relieve escultórico hecho por mí de Martí, en una escuela, en madera, pero no lo he hecho en pintura.

Este es un primer acercamiento a la obra de Ávila y seguramente tendremos oportunidad de volver a conversar con él.

 

Rafael Polanco Bahojos es periodista y director de Honda,  la Revista de la Sociedad Cultural José Martí, institución de la cual es además vicepresidente.

Honda, Revista de la Sociedad Cultural José Martí No. 28

http://www.josemarti.cu/?q=indicerh&no=28

http://www.josemarti.cu/files/01%20Entrevista%20a%20Enrique%20%C3%81vila%20arreglos.pdf