“Cada imagen ha sido un desafío y un regalo”

Dilbert Reyes y Eduardo Palomares

26 julio, 2013

Tanta ha sido su pasión por la historia patria, y tanta la admiración por sus protagonistas, que Enrique Ávila González agradece como nadie la suerte natural de haber sido escultor.

Es que la nobleza espiritual y la grandeza de los hombres pocas veces pueden reproducirse en una forma material, volumétrica, tangible, que logre reflejar del modo más fiel y natural la integridad y el carácter verdadero de las figuras legendarias.

Para eso existe el arte, para intentarlo lo mejor posible, y Ávila, dejándose arrastrar por su pasión profunda, lo ha conseguido de una manera espléndida. Con una combinación exacta y paradójica de sencillez gigantesca, solidez y delicadeza, terminó coronando las dos plazas más importantes de Cuba, con los rostros austeros y vigilantes de tres nombres inmortales.

La noticia de estos días sigue siendo Santiago y su Moncada; y destaca el regreso a la ciudad del Comandante Almeida. El arte de Ávila concretó al fin un sueño acariciado, y ya la imagen de acero se erige majestuosa, en una presencia artística que el caminante advierte tremendamente viva y perpetua.

“El mayor desafío fue hacer a una gran persona que yo conocí. A Camilo y al Che no, pero a Almeida sí tuve el privilegio de conocerlo, de conversar con él, de hablar incluso del relieve escultórico que dedicamos al Señor de la Vanguardia.

“No obstante, para hacer una imagen de él en Santiago, no necesitaba más motivos que la identificación con esta urbe, el entrañable cariño que aquí cosechó, y el paralelismo con Antonio Maceo, que mereció por su trascendental papel en la gesta libertaria. Y por eso está como mirando a la estatua ecuestre del Titán de Bronce”.

Casi 15 toneladas de acero necesitó la creación del relieve escultórico, para cuya factura, Enrique Ávila otra vez contó con el apoyo inestimable de los tres ayudantes que lo acompañaron en los proyectos del Che y Camilo, de la Plaza de la Revolución, en La Habana: “Román Acosta, un pailero excelentísimo; Rafael Torres, un pintor con destreza para trabajar en las alturas, y Alberto Suárez, magnífico soldador y también pailero”, destaca Ávila.

Descubrir la forma

“De todos los rostros el que más trabajo me dio fue el del Che. Resultó de un concurso al que asistí por invitación, con otros 15 proyectos. Mi duda fue decidir el material, si de cerámica, si de hormigón¼

“Hice muchísimos dibujos y bocetos sobre las formas posibles, hasta que vi a mi hijo trazando líneas en un papel. Me sorprendí con la tremenda austeridad y sencillez que de pronto me sugirieron esas líneas, y de inmediato las comparé con el carácter del Guerrillero Heroico. Solo faltaba escoger el material, y a esas alturas de la inspiración no podía ser otro que el acero, como su temple.

“Otra cosa fue la foto de Korda. Es tan artísticamente impecable, que se presta con absoluta perfección a cualquier manifestación plástica. Cuando seleccionaron mi proyecto fui enseguida a la casa de él y le dije: ‘Mira, Korda, voy a hacer una escultura de tu foto’.

“Él se empezó a reír y brindamos por su realización, y una vez terminada e instalada la escultura, en 1993, lo llevé y le dije: ‘Vaya, ahí tienes tu foto.’”

La concepción de Camilo

“Al año siguiente de concluir el monumento al Che, en 1994, me entregan la réplica del machete de Máximo Gómez, en una ceremonia a la que asistieron Raúl y Almeida. Al finalizar, en una recepción con los homenajeados, Almeida se acerca para llevarme con Raúl, que quería hablar conmigo. En efecto, me sugiere realizar la escultura de Camilo en el edificio del Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias.

“Lamentablemente, el voladizo de la base del MINFAR no permitió hacer a Camilo hasta mucho después, cuando se levantó una pared en la sede del Ministerio de Comunicaciones, y en el 2009 pudo instalarse allí”.

Almeida en su Santiago

“Sobre la oportunidad de crear una imagen similar de Almeida, la considero tan especial como las dos anteriores. Si Raúl dijo que la ciudad de Santiago debía quedar más bonita que antes del ciclón, esta escultura refuerza ese criterio.

“Finalmente, estoy muy complacido con la obra. La considero un desafío cumplido para un momento histórico especial. Yo no fui al Moncada ni estuve en la Sierra, pero esculpir a alguien que sí sirvió a la Patria, es un aporte desde lo que modestamente sé hacer.

“Pienso que si el Moncada de un obrero o de un campesino de hoy es producir, entonces el mío puede ser regalarle esta imagen del comandante Almeida al pueblo de Santiago, que es regalárselo también al pueblo de Cuba”.