Alerta en el paisaje

Virginia Alberdi

6 junio, 2011

Demasiado próximo a un paisaje para ser considerado abstracto y demasiado abstracto para ser visto solo como un paisajista, Enrique Ávila lleva a su pintura elementos que parecen salidos de fotos tomadas por satélites que han visitado otros planetas: formaciones pétreas, atmósferas en tonos ocres o rojizas, según decida el creador. Soles rojos o distantes astros que se asoman en insospechados rincones de una caverna con iluminación poco convencional, pero siempre con un marcado dominio de la composición espacial, que evidencia su formación y posterior desempeño de esa manifestación tanto en su labor profesoral como en la realización de escenografías.

La presencia reconocida y reiterada en diferentes ámbitos nacionales de importantes esculturas realizadas en diferentes materiales: los monumentos al Che en Holguín, a Frank País en Santiago de Cuba, a Carlos Manuel de Céspedes en Bayamo, a Ignacio Agramonte en Camagüey, a los Hermanos Saíz en Pinar del Río, ofrecen una explicación a la volumetría que se aprecia en sus obras bidimensionales. Sus obras más conocidas tanto en Cuba como en el extranjero son el Che y Camilo, ambas de carácter escultórico monumental y ejecutadas en acero, que engalanan la Plaza de la Revolución.

Como resultado de sus exposiciones personales y la presencia de sus obras en muestras colectivas, la obra de Enrique Ávila ha merecido expresiones de admiración de críticos de arte y personalidades de la cultura nacional que destacan que reconocen en el artista su manejo del color, riqueza imaginativa y dominio del diseño. Me permito citar al Historiador de la Ciudad de La Habana, Eusebio Leal Spengler, que a propósito de la obra de Ávila expresó: “(…) En esta pintura estaba metido como protagonista principal el ser de lapiedra, su mundo interior. En ella se han refugiado por milenios los árboles vencidos (…) las más insólitas criaturas, todas ellas se han refugiado en la piedra. Cuando alguien es capaz de verlas y de descubrirlas, a veces llameantes, como en uno de estos cuadros, nos habla de que la Tierra no es inmóvil, sino que late como un corazón (…); nos acercamos a su obra y la entendemos. Es también una obra de mucho oficio. Cuando nos acercamos a ella no vemos a uno que está incursionando como aprendiz, sino a un maestro que deja conducir serena y tranquilamente el pincel y él nos lleva a donde quiere.”

Las piezas que se presentan en la muestra manifiestan las inquietudes de este pintor, que ahora trabaja con mayor fuerza las texturas, sin abandonar las transparencias, que habitualmente se aprecian en sus telas.

Cada vez más alarmante e incierto el futuro de la humanidad, el actual paisaje con abundantes verdes, ríos caudalosos, aves que trinan y hermosas flores se ven amenazados por el constante uso de elementos  contaminantes… las rocas calcinadas, las arenas de diferentes coloraciones reemplazando la tierra fértil, ese será, si prevalece el consumo a toda costa y la depredación de los recursos naturales, el paisaje al que los propios hombres condenan a las generaciones futuras. Esa lectura admonitoria es la que Ávila ha querido aportar en esta especie de reconstrucción del paisaje.

Ávila no moraliza desde la pintura, pero asume una posición ética que halla correspondencia en la búsqueda artística que con tanto afán y conciencia lleva hacia adelante. Sabe que el artista es ciudadano y sujeto de opinión, y que comparte las preocupaciones y el destino de sus semejantes.

Ética y estética son de tal modo razones suficientes para fundamentar, en este caso, el acto creador. Enrique Ávila asume esos pilares con honestidad, consecuencia y oficio.

Palabras para el catálogo de la exposición Energías Ocultas en el Memorial José Martí.

Enlaces relacionados:

http://www.cnap.cult.cu/publicaciones/artecubano/revista-artecubano-no3-2010‎

http://archivo.trabajadores.cu/news/20111005/254591-la-visibilidad-de-las-energias-ocultas