Alegorías de un sombrero alón

Ariadna Ruiz Almanza

26 octubre, 2009

Nunca antes había reparado en que yo no conocía el nombre del autor del relieve escultórico del Che que está en la Plaza de la Revolución. La prefiero de noche, cuando esté iluminada, es en lo que pienso siempre que la atravieso, pero nunca, nunca antes había indagado más allá.

Tal vez podamos culpar al hecho de que no soy habanera y no viví personalmente ese momento, o que me cuesta retener los nombres de las personas —defecto que asumo críticamente—, o que las circunstancias no forzaron jamás esa interrogante. Tampoco es que desconocer ese dato me condujera a una situación límite ni mucho menos, pero sí a lidiar con la ignorancia no más surgiera el tema. En fin, no es ese el punto ahora, porque ya sé su nombre: Enrique Ávila González, y lo conocí entre grúas, planchas de hormigón, y soldaduras de acero. La cuestión es que este mismo escultor trabaja actualmente en los detalles finales de otra obra, semejante a la del Che, pero que será izada en la fachada del Ministerio de la Informática y las Comunicaciones (MIC). Sin más rodeos: una escultura de Camilo que se integrará también al Complejo de la Plaza y se inaugurará el próximo día 28 de octubre. Me presto a compartir con ustedes lo que conversé con él la semana pasada.

 ¿Cómo llegó a sus manos la propuesta de crear este otro monumento?

«Al año siguiente de yo hacer el Che de la Plaza (1993), Raúl Castro me pidió un Camilo para ubicarlo en la fachada del edificio del MINFAR. Así fue que comencé a trabajar en la maqueta hasta que descubrimos que el edificio destinado tenía un voladizo y unos quebrasoles que imposibilitaban el soporte de la escultura calculada en unas 30 toneladas. La idea original era crear una imagen de Camilo a cuerpo entero; de ahí la magnitud de su peso. Por eso, en aquel momento hubo que detener los planes».

«Hace dos años aproximadamente renovamos la idea cuando Ramiro Valdés pasó al MIC y valoró la posibilidad de hacerlo ahí. Desde entonces trabajo junto a un equipo multidisciplinario integrado por ingenieros, electricistas, proyectistas, y entre ellos, el arquitecto Juan Tosca Sotolongo —Premio Nacional de Arquitectura—, quien concibió la pared de hormigón que fue adherida al edificio para montar sobre ella la versión actual de la escultura: un retrato delineado que roza las 16 toneladas».

 ¿Qué complicaciones trajo este proyecto?

«La nueva idea era hacer esta escultura semejante a la del Che, tanto en técnica como en medidas, para establecer un diálogo y una coherencia entre ambas. En el caso del Che, la obra, de 40×20 metros, fue montada sobre una pared que ya existía, a diferencia del proyecto de Camilo. El MIC no contaba con una superficie plana donde montar la enorme pieza que sobrepasaba los bordes de la instalación, por lo que fue necesario construir una pared compleja, bien pensada, atendiendo también a las condiciones atmosféricas de nuestro país, y además que no desentonara visualmente con el resto de la Plaza».

¿Cómo es ese Camilo que tradujo a la escultura?

«Lleva sombrero y es serio. Sé que estamos acostumbrados a pensar en un Camilo sonriente, pero dibujar una sonrisa en este tipo de escultura hecha a líneas es muy complicado, porque puede resultar una mueca. Busqué entonces una foto de Camilo y capté de ahí su mirada pícara y alegre. Sin embargo, su boca si es una creación netamente mía. Esta escultura tendrá aproximadamente la misma altura que la del Che, el mismo peso en toneladas de acero, igualmente iluminada, con sus columnas, pero con la frase «Vas bien Fidel». Quise utilizar una caligrafía similar a la suya, pero como el texto no aparece escrito por él en ningún documento, tuve que obtener las palabras por separado de varias de sus cartas. Por cierto, escribía en letra de molde».

«Tanto la frase como la efigie van a tener dos sistemas de luces: uno con bombillos prismáticos y otro con LED. Ambos sistemas son muy ahorrativos, y esta fue una solución muy económica que encontramos para que la escultura pueda encenderse todas las noches».

¿Cuánto tiempo llevó hacer la escultura en sí?

«Exactamente 44 días. La hicimos en un taller de desarrollo del MININT que queda en Dolores. Y digo hicimos, porque desde el proyecto del Che yo trabajo con Román Acosta, Rafael Torres y Alberto Suárez: un trío de paileros que en esta ocasión también materializaron mis trazos. Ellos se han especializado en la concepción de estructuras de este tipo, y han desarrollado todas las habilidades en esta técnica. Román es quien interpreta y luego ejecuta mis planos, es un artista empírico, Alberto es el picador y soldador por excelencia, y Rafael se encarga de poner el antioxidante al material y pintar lo, nunca permite ser sustituido. Han adquirido una gran profesionalidad. Sin duda formamos un equipo, nos comunicamos de solo mirarnos, como buenos amigos. En la ejecución de esta obra es importante señalar también la participación de Cubana de Acero, el MICONS, el MIC y el MININT».

¿Cómo será la inauguración? 

«Esperamos que sea el próximo día 28. Probablemente quienes nos reunamos en la Plaza sigamos de ahí por toda la calle Paseo a echarle flores al mar como tradicionalmente se hace».

¿Qué te sucedió con Osmani, el hermano de Camilo?

«Cuando Osmani vio la obra me dijo: iese es Camilo! Es muy reconfortante que una de las personas que mejor recuerda su fisonomía me haya reafirmado el parecido. Me entusiasmó mucho y me supe artista».

Ávila es de esos personajes que habitan en el anonimato. Sin embargo, su extensa obra escultórica está ahí para que el viajero se detenga en busca de arte y conocimiento. ¿Cuántos monumentos no vemos a lo extenso de la isla e ignoramos su procedencia?

Ávila es el autor de algunos de ellos, como por ejemplo el de los Hermanos Saíz, frente a la universidad de Pinar del Río; el de los Hermanos Martínez Tamayo, en el Politécnico de Criminalística del MININT, en Siboney, La Habana; el de Ignacio Agramonte, en Camagüey; uno de Maceo y otro del Che, en Holguín; el de Carlos Manuel de Céspedes, a la entrada de Granma; el de Frank País, frente al zoológico de Santiago de Cuba; el de Celia Sánchez, en el antiguo Regimiento Femenino de Artillería Antiaérea, en Guantánamo; entre otros. Sin duda este escultor tiene unas cuantas historias que contar.

Tomado del periódico Trabajadores.